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27/11/2019

Seamos parte de la solución y no del problema

La forma de amparar la violencia no es sólo omitiendo su rechazo, como lamentablemente hemos visto en políticos irresponsables y con objetivos ideológicos extremos, sino que también es por la vía de promover manifestaciones “pacíficas”. No, amigos, hoy en día las manifestaciones no son pacíficas, toda vez que inexorablemente terminan en destrucción, vandalismo y saqueo. Eso lo saben quienes las organizan. Pruebas al canto.

Los principales afectados somos todos quienes formamos esta nación: personas, familias y organizaciones. No es comprensible que estemos autodestruyéndonos y, menos comprensible resulta, cuando constatamos que quienes más se ven afectados por la violencia, son precisamente aquellos que sufren las carencias en las que se fundamenta parte del descontento social. Cuántas PYMES, empleos, voluntades y sueños han sido destruidos en estos 40 días y 40 noches. Nada puede justificarlo.

El derecho de libertad individual, el rol del gobierno y la justicia, desde los tribunales hasta la legislatura, son pilares fundamentales de una sociedad libre. Quienes creemos en que es la mejor forma de vivir en sociedad, debemos exigir y colaborar para que se cumplan los roles de cada cual en pro de que podamos vivir armónicamente en una sociedad de bien para todos. Las personas debemos ser responsables en nuestra convivencia con los demás y aquí prima el principio de derecho a la vida, por sobre las formas erradas de exigir soluciones a carencias sociales. El Gobierno debe cumplir su rol de protección de las personas frente a la violencia, único ente social autorizado para utilizar la fuerza para ello, y los legisladores deben proveer de leyes acorde a las necesidades sociales en calidad y tiempo, conjuntamente con un poder judicial que debe dejar su rol excesivamente garantista, para aplicar la ley de acuerdo a lo que nuestra sociedad requiere, sino ¿para que se hicieron las leyes?

La sociedad, en un porcentaje importante, se manifestó buscando resolver sus carencias, priorizando las que más aquejan a las personas. Pensiones, remuneraciones, transporte y el costo de la vida están siendo atendidas por las autoridades con soluciones responsables. Luego vendrán el endeudamiento familiar, salud, educación, empleo, entre otras. Para lograrlo, necesitamos urgente la paz social.

Por ello, agradecemos a Carabineros e Investigaciones el esfuerzo realizado para lograr el orden público, debiendo enfrentar con dificultades a verdaderos “bárbaros modernos” que generan a su paso terror y destrucción. Solicitamos que se apruebe el proyecto de ley que faculta a las Fuerzas Armadas a resguardar instalaciones estratégicas, posibilitando que más policías puedan salir a la calle a garantizar la seguridad de los chilenos.

Hacemos un llamado, con la mano en el corazón, para que colaboremos con la paz social, dejando nuestras justas exigencias en manos de quienes las están resolviendo y, de esta forma, lograr un nuevo equilibrio social, político y enconómico, que nos permita vivir en una sociedad más justa, digna y con mejor calidad de vida para todos los chilenos. Seamos parte de la solución y no del problema.


Pier-Paolo Zaccarelli

presidente CRCP