Juguetes falsificados: un sueño roto


La industria de los juguetes ha experimentado cambios y transformaciones de tal magnitud, que han modificado por completo lo que eran hace 50 años. Quienes nacieron antes de 1960, seguramente recuerdan su infancia con bolitas, trompos y volantines. Sin embargo, la popular Barbie y juguetes de acción como G.I. Joe cambiaron el paradigma juguetero vigente hasta ese momento, configurando una de las industrias con mayor desarrollo a la fecha.

Sin embargo, su éxito, la ha hecho blanco preferente de la acción de fabricantes, importadores y comerciantes inescrupulosos, que se aprovechan de la popularidad de los productos y profitan ilegítimamente fabricando y distribuyendo falsificaciones o imitaciones.

Año a año son incautados millares de juguetes falsificados, siendo el principal producto decomisado por las aduanas y policías de nuestro país.

De este modo, el comerciante formal que invierte y adquiere para sus clientes productos de la mejor calidad, se ve afectado debido a la competencia desleal que el comercio clandestino e informal supone. Por otra parte, para el Estado, los productos ilegales significan la pérdida de impuestos generales y específicos generados por la venta de obras licenciadas, de los cuales la juguetería es una de los mayores aportantes.

Mientras todo ello ocurre en el plano económico-comercial, desde un punto de vista más tangible, los niños que reciben un juguete falsificado, abrazan una figura moldeada en un trozo de plástico malhecho, tosco y que no cumple los estándares de diseño del personaje original; integrado por partes salientes o con tornillos y piezas fácilmente desprendibles; pintadas, muchas veces, con pinturas tóxicas; con tolueno, en envases que no protegen el producto y que al día siguiente terminan en el basurero, acabando el encanto inicial en un sueño roto. En resumen, un juguete que está muy lejos de aquel con el que el niño ha soñado al verlo en las pantallas y vitrinas.

Finalmente, los únicos beneficiados de esta industria informal, son los que robando obras ajenas y con total desprecio de la salud de las personas, fabrican imitaciones o copias de baja calidad, que luego comercializan evadiendo impuestos y enriqueciendo a quienes no lo merecen.

Contra este ilícito trabaja el Observatorio de Comercio Ilícito de la Cámara Nacional de Comercio. A través de él, diversas industrias y entes gubernamentales estamos aunando esfuerzos para contribuir a la política pública y a la acción fiscalizadora contra quienes actúan fuera de la ley y se aprovechan de quienes adquieren estos productos, muchas veces sin medir el riesgo que significa para ellos mismos o, peor aún, para sus hijos.

Antonio Hernández B

Columna de opinión
Gerente de Operaciones Marinovic & Cía.

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